Unschooling, el inicio de una nueva vida

Uschooling y regreso a clases

Hace un par de meses, mi marido y yo tomamos la decisión de sacar de la escuela a nuestra hija y comenzar una nueva vida juntos.

Contrario a lo que ocurre normalmente en la vida de los “homeschoolers”, la nuestra fue una decisión que no obedeció específicamente a un desencanto con el sistema educativo. No porque en realidad no esperábamos más de lo que teníamos de la escuela hasta ese momento. Sí porque nos dimos cuenta de la cantidad de oportunidades que perdíamos al estar limitados a la estructura tradicional y algo caduca del sistema escolar actual.

Al principio se trató de una de las decisiones más complejas, valientes y difíciles que hemos tomado. Hoy es algo tan natural para nosotros que incluso hemos perdido ese halo de rebeldía que al principio nos motivó tanto y que a mí me hizo sentir como toda una revolucionaria. En este momento empezamos a normalizarlo y a sentir como si siempre hubiera sido así, dándonos cuenta de que es más natural de lo que pensábamos.

La semana pasada iniciamos formalmente nuestro programa de trabajo. Quiero aclarar que al ser un sistema “uschooling”, el programa no está basado propiamente en una currícula específica, sino en una adaptación individual y personalizada de lo que, como padres, creemos que nuestra hija necesita desarrollar y aquello que ella misma nos está demostrando que le interesa.

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¿Qué es el unschooling y en qué difiere del ya más conocido homeschooling? Unschooling significa “desescolarizar”, esto es sacar la estructura tradicional de escolarización de nuestros cerebros para, a partir de la propia conquista de la libertad, desarrollar una estructura completamente nueva y adaptada a cada niño. Contrario a lo que sucede con el homeschooling -que ya es mucho más conocido-, no significa llevar una currícula específica o seguir un método preestablecido para el aprendizaje en casa. Unschooling, por su naturaleza liberadora y totalmente flexible, puede llevarnos incluso a ir a la escuela y no tener un pensamiento escolarizado.

¿Y qué implica “desescolarizar”? Priscila Salazar -una de las autoras más reconocidas del tema en México y quien ha desarrollado su propia metodología de trabajo, que se acerca más a un estilo de vida y que ella llama supraescolar– lo define así:

Desescolarizar tu mente significa independizarte de las ideas de otro para tener la libertad de pensar las tuyas y tomar tus propias decisiones. (En Aprendizaje Spraescolar, Una perspectiva más allá de los paradigmas escolares).

Así pues, nosotros comenzamos la semana pasada con nuestro programa unschooling con Loló, mi pequeña preescolar -hoy desescolar– de 4 años. Para armar nuestra estructura y plan de trabajo tomamos el curso de 5 semanas que diseñaron Priscila y su marido mediante el trabajo online. De ahí, nos dimos cuenta de qué estructura horaria funcionaba mejor para nosotros, cuáles son las habilidades de nuestra hija, qué le interesa y qué es importante para nosotros en su desarrollo.

Con toda esa información, definimos un modelo base de trabajo que implica combinar de manera armónica el trabajo en casa, el trabajo de campo, el aprendizaje y desarrollo de lectoescritura y matemáticas, inglés, computación, música y artes plásticas, más el cuidado de su medio y socialización. Partiendo  de todas esas áreas, cada semana trabajamos en un tema o varios temas a desarrollar mediante muy diferentes recursos. Por ejemplo, la semana pasada llevé a Loló por primera vez a la biblioteca, ahí le di oportunidad de buscar lo que más le interesara y nos pasamos horas leyendo y explorando el jardín.

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De cajón trabajamos diariamente con libros de ejercicios adaptados a su edad, conocimientos y habilidades, así como ejercicios personalizados en cuadernos o trabajo manual. También estamos dándole continuidad a lo que ya había aprendido en la escuela. Lo más interesante son los “temas de investigación”, que no son otra cosa que todas las preguntas que hace mi hija sobre cualquier cosa que se le viene a la cabeza o cosas que le llaman la atención y yo aproveho para tomar como temas de trabajo.

Por ejemplo, en una semana fuimos de las partes de un árbol a las fases lunares, pasando por los conceptos básicos del tiempo en un calendario semanal. En medio, hicimos varios ejercicios de lectoescritura, algo de geometría con figuras básicas, emociones y también jugamos a hacer nuestra propia caja registradora para cobrar nuestros helados en una tiendita.

Las partes básicas de un árbol
Las partes del árbol.

No sé si es mucho o poco para una semana. Lo que sí sé es que personalmente ha sido el trabajo más demandante, retador, motivante y genial que he tenido. Y eso que he pasado de armar pitches para presentar a empresas trasnacionales hasta armar eventos bicentenarios o editar publicaciones. Ha sido un trabajo no sólo retador, sino también demandante. Entre los 8 meses de embarazo y la adaptación a una niña que está ávida de aprender, el fin de semana terminé simplemente exhausta. Descubrí lo mucho que me gusta ir al parque a buscar bichitos y lo increíblemente hermoso que es ver libros y libros apilados y listos para que yo los abra o para que Loló me los muestre.

No todo ha sido miel sobre ojuelas. A veces me desespero, siento que simplemente no voy a poder o busco inconscientemente una guía que me facilite el camino. Luego, pongo atención en lo que está haciendo mi hija y dejo que sus preguntas y curiosidades me guíen para terminar dándome cuenta de que entre ella y yo podemos armar un camino que de alguna manera también será la preparación para el bebé que está por llegar y que significará su propio desarrollo, la búsqueda de su identidad y su talento, algo que nos una y nos fortalezca y también que nos haga crecer como familia para evolucionar al mismo tiempo.

Las fases de la luna
Fases lunares

Hoy, de nuevo en la biblioteca, conquistamos por fin la oportunidad de llevar un libro a casa. No fue un día tan sencillo como lo fueron los pasados, pero sigo muy convencida de que este sistema es el mejor que pudimos encontrar para este “regreso a clases”. Mientras nosotras nos levántabamos juntas para resolver una mañana complicada, muchos otros niños abrieron sus útiles nuevos, estrenaron su uniforme y se levantaron temprano para ir a la escuela.

Nosotras no nos sumamos al tráfico, pero sí nos sumamos a la alegría, a la emoción maravillosa de empezar un nuevo ciclo. Lo más bonito: es nuestro ciclo, uno como el de nadie más, uno especial y que escribe una receta completamente nueva para crecer y desarrollarnos.

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