¿Por qué nos pesa tanto estar con nuestros hijos?

Nuestros hijos son “la luz de nuestra vida” pero, ¿realmente disfrutamos de su compañía?

 Cuando le dije a mi mamá que quería hacer homeschooling con mis hijos y pasar la mayor parte de mi tiempo con ellos su mayor preocupación no fue que quisiera hacer a un lado la escuela, ¡vamos!, ni siquiera le preocupó que tuvieran un certificado escolar o a qué se iban a dedicar todo el día cuando dejaran de asistir al colegio. No. Su preocupación más grande fue por mí: “¿qué vas a hacer con ellos todo el día en casa?”, “¿realmente estás segura de que vas a poder manejarlo?”. Mi salud mental, al modo de ver las cosas de mi madre, era el verdadero riesgo de pasar todo el día con ellos.

¿De verdad nos parece tan terrible estar con nuestros hijos, dedicarnos a ellos? Sé que cuesta mucho trabajo aceptarlo cabalmente, pero la realidad es que a muchas madres nos resulta angustiante, terriblemente estresante y no tiene nada que ver con no quererlos o no desear ser madre, es algo más superficial y sencillo de lo que parece: no sabemos estar con nuestros hijos.

¿Por qué? Porque hemos aprendido e interiorizado tan profundamente esa justificación social para dejarlos, en aras de ir a lograr otros objetivos vitales -como trabajar y sentirnos realizadas- que de verdad pensamos que necesitamos tiempo lejos de ellos, que es esencial para poder estar bien y que debemos desprendernos lo más pronto posible de su eterna dependencia, de sus lloros, sus quejas y su presencia.

Recuerdo lo angustiante que me parecía tener que regresar a casa a cuidar a mi hija luego de un arduo día de trabajo. Por una parte lo deseaba con todas mis fuerzas pero por la otra, escondiéndomelo, quería llegar  y encontrar la paz del silencio, sentarme a leer un buen libro o a ver una película y una serie. No a tener que inventar una nueva actividad para mi hija y entretenerla hasta que se tuviera que ir a la cama para entonces sí, ser libre. Ya he hablado de ello superficialmente. Aunque hoy quise hacerlo con más profundidad.

Cuando me di cuenta de que yo de verdad no gozaba estar con mi hija, que ir al parque me parecía aburrido, que jugar juegos de rol me resultaba vergonzoso y que aunque disfrutaba iluminar un ratito, en realidad estaba más preocupada por terminar la cena, sentí que algo andaba mal.

Hay varios factores que nos han llevado a vivir en la angustia y que, desde mi experiencia, son los que encadenados, me llevaron a sentir angustia y estrés de estar con mi hija y a tener miedo de la abrumadora carga de pasar mucho tiempo con ella. Aquí trato de enlistarlos:

  1. Pasamos demasiado tiempo trabajando: más de 8 horas al día fuera de casa han logrado que nos desconectemos por completo de lo esencial de la vida, de las cosas que hacen o que deberían darle sentido a lo que somos y por desgracia también de nuestros hijos.
  2. A causa de lo anterior, nuestros hijos se están convirtiendo en desconocidos para nosotros de a poco. Le hemos dado a la escuela toda la responsabilidad de formar a nuestros hijos o la mayor responsabilidad, así que inconscientemente no nos preocupamos demasiado por conocer de verdad a nuestros hijos. ¿A quién no le causa estrés tener que estar con un desconocido? ¿Conoces esa sensación de querer “quedar bien” con el otro porque no nos sentimos tan en confianza? Por ejemplo: yo fumaba y me había prometido que nunca lo haría frente a mi hija; entonces tenía que fingirme alguien que no era para poder estar con ella. El cigarro se convirtió en un momento muy valioso para mí, porque lo asociaba a estar conmigo, con ser “libre” y a ella con mi falta de libertad.
  3. Estamos demasiado abrumados por su educación y su formación, tanto que sentimos que el poco tiempo que pasamos con ellos debe ser tiempo de calidad, productivo, significativo y en nuestro afán por darle significado a ese tiempo, nos volcamos de cabeza y generamos tantas expectativas que cuando llega el momento de estar con ellos nuestra angustia no nos deja estar.
  4. Nuestros hijos no saben estar sin nosotros, así que nos convierten en sus esclavos. Al no tener suficiente atención de nuestra parte, nuestros hijos demandan una total entrega el poco tiempo que pasan con nosotros. Así, llegamos a ese punto donde nos sentimos tan tremendamente demadados que buscamos cualquier escape, como la facilidad de la televisión o el iPad o incluso vemos las fiestas infantiles como momentos de esparcimiento para papás, la única oportunidad que tenemos de hablar con otros adultos mientras los niños se entretienen un ratito con otros amigos.
  5. No tenemos paciencia. Esto tiene mucho más que ver con el autocontrol que con un tema externo. Cuando te conviertes en madre te das cuenta de que necesitas aprender a esperar, aprender a ser alguien a veces muy diferente de quien solías ser y eso es desesperante. Ver tu casa desordenada, tener que esperar a que alguien baje las escaleras o las suba a su ritmo, escuchar a un bebé llorar sin poder calmarlo y un largo etcétera. La paciencia es otra de las maravillas que trae ser padre, aprender a hacer a un lado tus propias necesidades por las de otro y, como dice Priscila Salazar, “la paciencia no se tiene, se cultiva”.

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Para resumir, sí, estar con nuestros hijos puede ser estresante y algo que muy probablemente no disfrutemos la mayor parte del tiempo, pero tiene solución si estás consciente de querer arreglarlo. Lo más importante es recobrar la conexión perdida, el lazo que se ha roto con la separación. No se trata de que todos dejemos de enviar a nuestros hijos a la escuela o dejemos de trabajar para estar con ellos, pero sí se trata de ser mucho más conscientes del verdadero objetivo de pasar tiempo con ellos y dejarnos ser, buscando cosas que nos hagan felices juntos a uno y otro lado, porque vivir es eso y disfrutar la compañía de otro sólo se logra siendo uno mismo, tan real como se es siempre. Así, si yo quería estar con mi hija sin tener que escaparme para fumar lo lógico era que hiciera el cigarro por completo a un lado. Eso me llevó a dedicarme mucho más a estar juntas desde el convencimiento y no desde el “deber ser” o el arreglo.

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Hoy sé que seguramente habrá momentos en que me volveré loca ahora que ya no irá a la escuela (mañana es su último día), pero también estoy segura de que tengo más recursos para poder criarla sin sentirme tan abrumada. Sí, claro que necesito tiempo a solas, pero también entendí que puedo estar con mi hija y que si pongo un poco de mi parte, sabiendo que no pasa nada, los juegos de rol pueden ser incluso divertidos para mí.

¿Te has sentido estresado por tener que estar con tus hijos?

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