Sobre #LadyPlaqueta y el feminismo

Ya sé que voy tarde con este tema, pero no me había interesado sino hasta ahora y además apenas tuve tiempo de escribir. En fin, ¿por qué escribir sobre Tamara de Anda? Porque quiero explorar un poco más acerca de lo que está pasando últimamente con la lucha de las mujeres por la igualdad.

Lo confieso, yo soy de esas mujeres que se enorgullecían por ir en pro de la igualdad antes que ser una mal llamada “feminazi”. Solía ser parte de esas chavas “alternativas” buena onda que se las daban de muy listas y muy lógicas proclamando por aquí y por allá que si lo que queríamos era igualdad, entonces debíamos hacer a un lado el tema de los derechos de la mujer y el famoso Día de la Mujer para crear un mundo verdaderamente inclusivo: derechos por igual, para resumir  -si quieres saber cómo pensaba apenas hace unos cuatro años, da clic aquí.

Hoy pienso diferente, hoy creo que sí necesitamos gritarle al mundo que es ilógico que tantas mujeres mueran, sufran y tengan que luchar simple y sencillamente por ser mujeres, hoy creo que es necesario replantearnos el por qué de las cosas que suceden a nuestro alrededor. Y sí, creo que Tamara exageró, pero era más que necesario que lo hiciera. No importa si lo hizo por llamar la atención, por ganar fama, por posicionarse como comunicadora, por armar un escándalo, por exagerada, por lo que sea… hizo bien y aplaudo que lo haya hecho.

Para mí, está en todo su derecho, para mí es necesario que alguien le dé una advertencia a todos los hombres, mujeres o quien sea que piense que pude pasar por encima de los derechos de otro simplemente porque tiene ganas. Personalmente he vivido experiencias verdaderamente desagradables por culpa de hombres idiotas que piensan que está bien acosar, que está bien gritarle a una mujer lo chula que está, lo buena que se ve o cualquier idiotez que les pase por la cabeza. Para no hacerles el cuento largo, una vez hasta eyacularon sobre mí en la vía pública. De más está decirles el asco, la sensación de vejación y el miedo que sentí. Y lo peor: me sentí culpable. Alguien tiene que tomarse en serio eso de que las mujeres tenemos los mismos derechos, alguien tiene que entender, aunque sea a la mala que no, que el hecho de gritarle “guapa” a alguien no tiene por qué ser agradable para esa persona.

Y no se trata de que las mujeres nos volvamos intocables. Que te miren en la calle tiene su encanto, pero no cuando quien te mira pasa sobre ti y sobre tu cuerpo como si fuera un objeto y peor, como si tuviera derechos sobre ti por el simple hecho de que le atraigas. Es muy simple: si tienes ganas de decirle a alguien lo guapa que es, de galantearla y de hacerle ver que te parece atractiva “hay maneras”. Eso de gritarle a alguien -usando las palabras que sean-, como proclamando con ello tu derecho a existir y a expresarte por encima de su dignidad y su comodidad no está bien. Así de simple: no está bien. ¿Por qué? Porque es pasar por encima de otro. ¿Qué tiene eso de halagador, qué tiene eso de inocente, de amable?

Y si Tamara está teniendo sus 5 minutos de fama con ello, si lo está utilizando a su favor, o lo que sea, ¡qué bueno! Me parece una locura total que la indignación común tenga que ver con que alguien ejerció sus derechos y se amparó bajo una ley que, al menos yo, no sabía que existía, para castigar a alguien que la afectó.

Y lo confieso de nuevo: al principio pensé que era una exageración. Hoy creo que necesitamos más exageraciones como esta, porque si todos supieran que sus actos pueden tener consecuencias la vida sería otra. No sé, es sólo mi impresión…

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